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Diferencias entre mandarina y clementina


¿Alguna vez te has preguntado por la diferencia entre mandarina y clementina? ¿Sueles confundirlas? No te preocupes, es extremadamente común dada la apariencia de ambas. Lo cierto es que la clementina es la fruta resultante del cruce entre una naranja y una mandarina. Estamos, por tanto, ante una fruta híbrida cultivada a partir de dos clases de cítricos. ¿Cómo no iban a parecerse entre ellas?

Pese a las similitudes que, a priori, puedan tener las mandarinas y las clementinas y que nos llevan a confusión, lo cierto es que existen varias diferencias entre ellas que harán que, una vez termines este artículo, no vuelvas a confundirlas nunca más. ¡Comenzamos!

Mandarinas ¿Qué son?

Antes de meternos de lleno en las diferencias entre una y otra, comencemos por aclarar qué es una mandarina y qué es una clementina.

La mandarina es un cítrico resultante de diferentes especies como la “Citrus reticulata”, la “citrus unishiu” y la “Citrus reshni”. Proviene de un pequeño árbol del cual toma su nombre: el mandarino, el cual se caracteriza por ser más resistente al frío que el naranjo.

Procedente de las zonas tropicales de Asia, la mandarina se introdujo en Europa ya en el siglo XIX, siendo España uno de sus principales productores en la actualidad.

Clementinas ¿Qué son?

La clementina, por su parte, y como hemos mencionado al principio, es un híbrido resultante de la mezcla entre una naranja y una mandarina. Creada en el siglo XIX, tuvo un gran éxito entre los niños, lo que condujo a extender su cultivo desde Argelia – donde apareció por primera vez – por todo el Mediterráneo.

Diferencias entre mandarinas y clementinas

Temporada

Podemos decir que, cuando ha acabado la temporada de una comienza la de la otra. Arrancamos con la clementina, cuyo momento óptimo de consumo se encuentra entre octubre y diciembre. En los últimos coletazos de las clementinas, las mandarinas comienzan a hacer su aparición en los hogares, donde perdurarán hasta marzo.

Procedencia y antigüedad

Los humanos llevamos consumiendo mandarinas desde tiempos muy remotos. De hecho, las primeras evidencias del consumo de este cítrico se remontan 4000 años atrás y se localizan en las lejanas tierras de Asia, concretamente en China.

Por el contrario, la clementina hizo su aparición en época muy reciente en comparación:  el siglo XIX. Al parecer fue el encargado de cuidar el jardín del orfanato de Misserghim situado en Oray (Argelia), llamado Clemente Rodier, quien se dio cuenta de la aparición de un fruto híbrido entre la naranja y la mandarina. Rodier probó el fruto y quedó asombrado por su sabor.

Sabor

Y ya que hemos mencionado el sabor de la clementina, estamos ante otra de las diferencias con respecto a las mandarinas. Las primeras tienen un sabor más dulce, muy similar al de algunas variedades de naranjas, incluso agrio. Sin embargo, las mandarinas, aunque también dulces, podemos apreciar en ellas ciertos toques ácidos. 

Pepitas

Las clementinas no poseen pepitas, lo que también influye directamente en su tamaño, siendo estas más pequeñas que las mandarinas. Además, su cáscara es sumamente lisa, frente a la rugosidad de las mandarinas, además de ser brillante y de color naranja muy intenso.

Tamaño

Tal y como hemos adelantado en el punto anterior, las clementinas son de menor tamaño que las mandarinas. Aunque sí es cierto que, dentro de las clementinas, podemos encontrar más de 8 variedades diferentes que presentan variaciones en cuanto al color y el tamaño.

Por otro lado, mencionar en este punto que la piel de la mandarina se encuentra mucho más adherida a la carne de la fruta que la de la clementina, dificultando su pelado. Realmente esto constituye un punto a favor de las clementinas que, entre sus muchas virtudes, destaca su fácil consumo.

Diferenticas nutricionales

Si todavía no tuviésemos suficientes diferencias entre unas y otras, os contamos las diferencias imperceptibles a simple vista, pero de gran valor de cara a nuestro bienestar y salud de nuestro organismo.

Si bien es cierto que ambas poseen propiedades antioxidantes, antibacterianas y antiinflamatorias, por no hablar de lo alto de su poder como barreras frente a los resfriados invernales, podemos decir que las mandarinas son más calóricas – pese al bajo índice calórico – que las clementinas. Las primeras presentan 53 calorías cada 100 gramos frente a los 45 gramos de las clementinas.

En cuanto a los minerales, encontramos mayor cantidad de potasio en las clementinas. El potasio es necesario para el correcto funcionamiento de nuestro cuerpo. Es especialmente beneficioso para nuestros músculos, ya que regula el ritmo cardíaco.

Y si hablamos de vitaminas, la clementina posee unos índices superiores de vitamina C. Pro cada 100 gramos de clementina, obtendremos el 40% recomendado de vitamina C. Lo cierto es que la mandarina no se queda muy atrás, aunque si es considerablemente menor en comparación. La ingesta de mandarina nos aportará un 25% de vitamina C cada 100 gramos. La vitamina C es un nutriente necesario para la producción de colágeno en nuestro cuerpo, el cual ofrece elasticidad y capacidad regenerativa a la piel. Es un potente antioxidante capaz de neutralizar los radicales libres y reducir los niveles de colesterol malo en sangre.

En definitiva, y ahora que conoces muy bien cómo diferenciarlas, lo cierto es que bien te alimentes de una o bien de otra, estarás optando por consumir una fruta saludable, llena de nutrientes y vitaminas que favorecerán tu organismo.