¿El zumo de naranja engorda? Damos respuesta a la eterna pregunta


Mitos y falsas creencias han rodeado siempre a los productos más ricos de nuestra dieta y, como tal, el zumo de naranja ha estado durante años en la mira de numerosas voces que proclamaban a los cuatro vientos sus altos niveles de glucosa y lo perjudiciales que eran para la salud ingeridos en cantidades elevadas.

Pero, ¿qué hay de verdad en todo ello? ¿Es cierto que el zumo de naranja engorda? ¿Deberíamos limitar su consumo por algún motivo? Vamos a explicar en detalle qué aporta exactamente un zumo de naranja y cuál es la ingesta recomendada.

¿El zumo de naranja contiene azúcar?

Toda la fruta contiene azúcares naturalmente presentes. Partamos de esa base, irrefutable y fácilmente contrastable. Sin embargo, hay que entender que el azúcar que contienen los alimentos de la propia naturaleza no tiene nada que ver con el azúcar refinado, ese que está presente en grandes cantidades en la bollería industrial y al que tanto se le ha culpado dado el incremento en el porcentaje de población que sufre de sobrepeso y obesidad.

Estos tipos de azúcares no tienen nada que ver el uno y el otro, más allá de que son percibidos por nuestras papilas gustativas de un modo similar. Claro, el azúcar siempre genera un sabor dulce y por eso se ha sustentado durante años la creencia de que todo lo que tenga un sabor dulce engorda, cuando en realidad no es así.

El zumo de naranja, como producto elaborado a partir de fruta que es, contiene altos niveles de azúcar, pero no más que el que naturalmente aporta la naranja. De hecho, por eso se desaconseja añadir azúcar refinado al zumo de naranja, una costumbre que muchas personas han adoptado como normal y que echa por tierra algunos de los beneficios nutricionales del zumo de naranja.

Pero, ¿es verdad que el zumo de naranja engorda? ¿O es un mito?

Vamos a ser claros desde el principio: el zumo de naranja no engorda. No al menos si no se le añade azúcar refinado y se toma tal cual. Toda la fruta contiene cierta cantidad de azúcar, pero para que esta supusiera una amenaza para la salud se deberían ingerir tales cantidades de fruta que sería imposible poder mantener una regularidad en el aparato digestivo.

Para desmontar el bulo de que el zumo de naranja engorda se han llevado a cabo numerosos estudios y análisis. Uno de los últimos, presentado en el congreso de la FENS, recogía los resultados de 17 ensayos clínicos controlados llevados a cabo en más de 200 pacientes que pretendían estudiar el consumo diario de un vaso de zumo de naranja durante un periodo que oscilaba entre 4 y 12 semanas. Las conclusiones fueron claras: la ingesta de un vaso diario de zumo de naranja no tenía repercusiones en el peso.

De hecho, una de las voces que explicó en detalle el contenido de dicho estudio fue la de Carrie Ruxton, una dietista freelance oriunda de Reino Unido con más de 25 años de experiencia en el sector de la nutrición. Fue ella misma la que hizo hincapié en su momento en el contenido calórico de los zumos de naranja naturales, explicando que su baja incidencia sobre el peso era debido a que 100 mililitros de zumo de naranja apenas contenían 60 calorías.

Por tanto, consumir incluso cantidades superiores a las recomendadas para un adulto medio no tiene un impacto negativo para la salud, aunque sí hay que vigilar el estado del aparato digestivo debido a dos aspectos: el reflujo y el tránsito intestinal. La naranja es un cítrico y, como tal, puede tener consecuencias no del todo positivas en caso de que el zumo cuente con un nivel de acidez superior al recomendado. La ingesta excesiva de zumo de naranja puede provocar reflujo por la noche, además de otras molestias derivadas como irritación estomacal. No obstante, esto sucede en los casos más graves.

Por otro lado, no hay que olvidar que la naranja es un alimento con un tremendo aporte de fibra. La pulpa es un excelente aliado para fomentar el adecuado tránsito intestinal, pero su ingesta en grandes cantidades puede provocar un desequilibrio que desemboque en deposiciones demasiado frecuentes o líquidas que provoquen malestar en la zona del abdomen o del vientre. Y es que todo en exceso es malo en esta vida.

Pero, más allá de los desajustes que pueda provocar la ingesta desmesurada de naranjas al día, el zumo de naranja es un potente aliado tanto nutricional como gástrico. Su elevado contenido en vitamina C ayuda a prevenir los catarros y los resfriados, además de contribuir a mantener nuestro sistema inmunitario en un estado óptimo.

Y, ¿qué pasa si se combina el zumo de naranja con el jugo de otras frutas?

Algunas personas prefieren consumir el zumo de naranja con ciertos añadidos, como jugos procedentes de otras frutas. Lo habitual es que estas combinaciones se produzcan con zumos extraídos de otros cítricos, como la lima o el pomelo. Su combinación en realidad tampoco presenta aspectos negativos desde el punto de vista nutricional y dietético, por lo que es una buena idea tratar de experimentar con los sabores para encontrar el equilibrio perfecto.

De lo que sí conviene huir es de los néctares industriales y los zumos procesados. Estos zumos, aunque prometen aportar una gran cantidad de vitaminas, en realidad ofrecen un zumo de muy baja calidad, ya que es habitual que estos productos procedan de piezas de frutas de mala calidad y después se sometan a procesos de hervido y cocción, lo que reduce enormemente las propiedades de estos zumos.

Además, el aporte vitamínico que suelen contener es añadido a posteriori, ya que los procesos de tratamiento térmico que se utilizan para elaborar estos zumos procesados acaban con los aportes nutricionales de la fruta, por lo que son añadidos de manera artificial para compensar esta carencia.